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Libro de Poetas 2004
Francisco Arroyo Ceballos.
Ayuntamiento de Córdoba.
Córdoba, España, 2004.
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Para colmo de males, no cargaba identificación. La señorita que atiende el correo me
miró con intención de complicidad que no prosperó. Necesito su identificación para entregarle el paquete. Corrí, camine casi corriendo de vuelta a casa para sacar mi pasaporte de la carpeta. Regresé y después del papeleo y las firmas correspondientes tuve
entre mis manos el paquete enviado desde Córdoba, España.
Una banca que encontré en el camino a casa fue mi escala para sustraer del sobre ecológico el
Libro de Poetas 2004. Esfuerzo literario sui géneris que impulsó y
coordinó Francisco Arroyo Ceballos, poeta y artista plástico cordobés; y en el que se concentran textos de casi una veintena de escritores. Todos ellos, aunque procedentes de distintas latitudes tanto geográficas como literarias, se han visto unidos por un interés casi tan viejo como la primera letra que un escritor vertió en algo parecido a un papel: el de mostrar su obra. El lograr que otro ponga los ojos donde antes los nuestros araron versos.
Todos ellos fueron convocados por una carta-invitación que Francisco hizo llegar a través del correo electrónico. ¿Cómo llego esa invitación hasta mi buzón? No lo sé con certeza, pero lo cierto es que me
entusiasmó de inmediato saber si lo que en ese momento parecía una simplona ilusión era posible: la de publicar por internet. Más allá de los sitios donde los ciberpoetas puede subir sus textos, y en donde nunca se sabe bien a bien como es que los textos son seleccionados o la importancia que cada uno de los participantes pone en esta actividad tan sería como es la de poeta; esta oportunidad cristalizaba la idea que un libro se pudiera forjar en un punto determinado del planeta con voces provenientes de otras tierras muy distintas y muy lejanas.
Fue así como después de varios meses de recepción de materiales, selección, formación, diseño, y sobre todo del
vía crucis que significa lograr apoyos financieros para este tipo de empresas, podemos cosechar con nuestra lectura la semilla de 19 poetas (incluyéndome) que a continuación os presento (excluyéndome) en retratos hablados.
Ignacio Arrabal (Cádiz, España); moneda con caras de melancolía y memoria:
Estoy otra vez aquí
porque el pasado ya es un sitio inhabitable
Fracncisco Arroyo (Córdoba, España); el amor como detonante de las palabras:
Déjate ver querida mía,
aparece y aleja mi pesar,
envuelve lentamente mi sentidos
Francisco Javier Cabral (Córdoba, España); mirar hacia dentro es mirar el firmamento:
Te estudio donde siempre reposas tu melena
a la orilla del mundo que se antoja sin fin
Jessica Calzado (Córdoba, España); la caricia de tibios versos:
eres la faz de una historia
el secreto de la malva rota
Jospe Crespo; (España) la plasticidad de una percepción:
Llora el sauce
su cadencia de ramas
hacia el suelo.
Alonso de Molina (Andalucia, España); la mirada incisiva sin miedo:
¡Señor, yo no soy digno!
¿Resurgirá la luz de entre las tinieblas?
¡Señor, yo no soy digno!
¿Se exiliarán las palabras blancas?
África Fernández (España); curiosa y bella mirada que hurga el mundo:
Me quema en el rostro tu llanto,
abre los ojos, pequeño
Ana María Fuster (San Juan, Puerto Rico); madura voz en celo:
peinar tus cabellos con mi voz de lengua,
saborear tus delirios a puro pulmón,
y purificar tus pesadillas con el néctar de mis versos.
Mariano García (Madrid, España); reclamo a la inutilidad del solecio:
Tu ceguera te impide
ser consecuente,
con el frenesí
de tus agonías.
Jacqueline Klein (Buenos Aires, Argentina); colores a toda asta con viento:
Alados llantos pronuncian mis momentos,
Espacios marcados por tenues soles invernales.
Francisco Lobo (Murcia, España); claroscuros sin tiempo:
Entonces te sentí
y el toro
se deshizo como humo en el viento
Francisco Jesús López (Cádiz, España); la experiencia de los encuentros:
Sobreviviré en mi cobardía
a la paranoica sabiduría de la cordura;
excremento del silencio
que será refugio del olvido.
José Juan Martínez (España); contratiempo de lo terrenal y lo eterno:
lanza con poderío sus venablos metálicos
las vacantes desnudan sus cuerpos al bálsamo astral
membranas en cofre sin aliento
Olga Pais (Galicia, España); marea de versos que ilumina:
En su carne de oblea virgen
como una hilacha se enreda la luna roja,
mientras su paso se hace escueto, fugitivo del tiempo.
José Carlos Pérez (Madrid, España); solitario alfil sin reina:
Lasciva línea en todo tu semblante,
idílico vaivén en tus caderas,
don de la ebriedad viajando sin papeles,
Antonio Pérez (Zaragoza, España), tira con lucidez a quemarropa:
Para la madurez, quizá la rebeldía,
la eterna,
renovada,
incombustible rebeldía
Jesús Sánchez (España); malabarista que detiene el tiempo:
un lugar donde volver cada noche,
intento desesperado
el retenerlo entre mis versos,
Susana Soto (Guadalajara, México); la pasión exacerbada por lo cotidiano:
Antes de llegar a mi barca
te haces niebla
y no te alcanzo
Pequeña probada de veneno. Lo mejor que los tragos completos de la ponzoña de cada uno de estos alacranes poéticos se la de usted mismo, sin reservas, en las páginas de este libro.
Materia pendiente es la distribución de materiales de esta naturaleza, pues la diversidad de lugares donde los poetas participantes buscan promoverlo, hace pequeño cualquier tiraje. Habrá que buscarle. Sin embargo, cabe destacar la bienaventurada llegada a puerto (es mejor decir a muchos puertos), de este barco que un par de ocasiones estuvo a punto de naufragar en el turbulento y babélico océano cibernético. En hora buena poetas, brindo por sus versos.
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